jueves, 30 de junio de 2011

Tamaños comparados de cuerpos celestes

jueves, 30 de junio de 2011 0
COMPARACIÓN DE TAMAÑOS
DE PLANETAS Y ESTRELLAS


Comenzando con nuestro satélite Luna, de menor a mayor revisamos los tamaños comparativos de los planetas del sistema solar interior, todos "rocosos"; luego vienen los gigantes gaseosos del sistema solar exterior y por supuesto nuestra "modesta" estrella, el Sol. Por supuesto, falta el sistema Plutón-Caronte, que astronómicamente ha sido descatalogado como "planeta" y encabeza una nueva categoría de "planetas enanos".


De ahí en adelante solo podemos comparar estrellas, y sigue la estrella blanca Sirio; una gigante naranja, Polux; Arturo y Aldebarán, gigantes rojas; una supergigante azul, Rigel; la hipergigante azul Estrella Pistol; Antares y Mu Cephei, supergigantes rojas; VY en Canis Majoris, hipergigante roja, la estrella más grande que se conoce, a la cual un avión jet a velocidad de crucero le tomaría 1,100 años darle una sola vuelta.



Star Size Comparison HD
 


NO. ¡¡NO SOMOS EL CENTRO DEL UNIVERSO!!

martes, 28 de junio de 2011

El Ángel del Apocalipsis

martes, 28 de junio de 2011 0
William Blake
El Ángel de la Revelación
(c. 1803-1805)




William Blake (Gran Bretaña, 1757-1827)
Acuarela, pluma y tinta negra, sobre rastros de grafito
(39.2 x 26 cm)
Rogers Fund, 1914 (14.81.1)


Blake no ilustra el texto bíblico, sino su origen milagroso. Desde su punto de vista con el espacio naturalista de fondo, la diminuta figura de Juan observa la visión divina que posteriormente registrará, encarnada en la gran figura del ángel, tal vez inspirada en la antigua estatua del Coloso de Rodas. Indicando la fuente de su texto divino, con la mirada hacia el cielo y el brazo en alto, el ángel señala la visión que se despliega sobre su persona: por encima de las piernas de fuego, los siete jinetes, presumiblemente representando los siete truenos del texto bíblico, que avanzan a través de las nubes hasta la base de su manto. El colorido sutil, la técnica punteada de la acuarela y el extenso entramado subyacente a lápiz indican una fecha hacia la mitad de la serie de estas obras de Blake.


APOCALIPSIS 10:1-11
El ángel con el librito


1 Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego. 2 Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra; 3 y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces. 4 Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas. 5 Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo, 6 y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más, 7 sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.

8 La voz que oí del cielo habló otra vez conmigo, y dijo: Ve y toma el librito que está abierto en la mano del ángel que está en pie sobre el mar y sobre la tierra. 9 Y fui al ángel, diciéndole que me diese el librito. Y él me dijo: Toma, y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel. 10 Entonces tomé el librito de la mano del ángel, y lo comí; y era dulce en mi boca como la miel, pero cuando lo hube comido, amargó mi vientre. 11 Y él me dijo: Es necesario que profetices otra vez sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes.


Eternidad

Quien a sí encadenare una alegría
malogrará la vida alada.
Pero quien la alegría besare en su aleteo
vive en el alba de la eternidad.

William Blake (1757-1827)
Traducción de Màrie Montand

Fuentes:
© Sociedades Bíblicas Unidas 1960. Versión tomada del sitio: http://www.gentle.org/biblia/

http://bajoelsignodelibra.blogspot.com/2007/04/william-blake-angel-of-revelation-c.html

http://www.metmuseum.org/toah/works-of-art/14.81.1

domingo, 26 de junio de 2011

La Sabiduría de la Cábala

domingo, 26 de junio de 2011 0

La Sabiduría de la Cábala



El Árbol de la Vida Luriánico


El Dr. Michael Laitman es conocido internacionalmente a traves de innumerables blogs y videos sobre Cábala. Aunque este es el perfil del Dr. Laitman en sus propias palabras, agregaremos un par de párrafos de Wikipedia sobre él:

Michael Laitman (nacido el 31 de agosto de 1946 en Vítebsk en Bielorrusia) diplomado en filosofía experto en biocibernetica, es un científico, cabalista, Profesor de Ontología y de teoría del conocimiento. Es el fundador del instituto de investigación y enseñanza de la cábala Bnei Baruch así como del Instituto de investigación Ashlag. En 1976, comienza a estudiar la cábala. En 1979, encuentra a Rav Baruch Shalom HaLévi Ashlag (1906-1991), el hijo y succesor de Rav Yéhouda Leib Halévi Ashlag (1884-1954), conocido con el nombre de Baal HaSoulam por su comentario sobre el libro del Zohar. Cuando el Rav Baruch Ashlag muere, se publica en el diario ortodoxo Hamodia1 "El más grande cabalista de nuestro tiempo ha muerto en los brazos de su fiel estudiante Michael Laitman". Aunque actualmente es maestro de su instituto, Michael Laitman no es un rabino. Es autor de una treintena de libros publicados en más de cinco lenguas, sus obras están basadas en los escritos tradicionales de la cábala, y buscan presentar en una lengua mucho más accesible al hombre del siglo veinte la sabiduría varias veces milenaria de la cábala.


Trabajos recientes
The Complete Idiot's Guide to Kabbalah (Collin Canright, 2007)
Kabbalah Revealed (Laitman Publisher, 2006)
From Chaos to Harmony (Laitman Publisher, 2006)
Kabbalah, Science and the Meaning of Life (Laitman Publisher, 2006)
Awakening to Kabbalah (Reed Elsevier, 2005)
The Science of Kabbalah (Laitman Publisher, 2005)
Introduction to the Book of Zohar (Laitman Publisher, 2005)





Michael Laitman

Las religiones abráhamicas (judaísmo, cristianismo, islam) aborrecen a la Cábala porque esta ofrece un camino de liberación completamente práctico y divergente de las propuestas místicas de aquellas. La Cábala no es misticismo, es una ciencia -- explica Laitman, quien es judío pero no es un rabino.


Este es un enlace a la sección en castellano de Bnei Baruj, la Academia Internacional de Cábala.



Entrevista de la periodista Norma Livne
con el Rav Michael Laitman
sobre la Sabiduría de la Cábala.





Primera Parte
27:40 min

 


Segunda Parte
27:10 min

 




Un árbol de la Vida

sábado, 25 de junio de 2011

La Morada de la Luz

sábado, 25 de junio de 2011 0
LA MORADA DE LA LUZ



"El Iniciado trabaja durante mucho tiempo en hacer de su cuerpo la morada de la luz. Y entonces, como el sol que proyecta sus rayos al espacio, mediante sus vibraciones, sus emanaciones, sus miradas, sus palabras y sus gestos, proyecta luz a su alrededor. Aunque no lo quiera ni sea consciente de ello, este resplandor natural, espontáneo, que es el de su ser profundo, abraza todas las criaturas: buenas o malas, éstas reciben tanto como son capaces.





En sus cuadros, algunos pintores representaron a Cristo rodeado de rayos, lo que significa que con su conciencia, está presente y actúa en todas las regiones del universo. Cristo, principio cósmico, proyecta su luz por todas partes y totalmente. No deja ningún lugar en la oscuridad."





Omraam Mikhaël Aïvanhov

jueves, 23 de junio de 2011

La Rosa de Paracelso

jueves, 23 de junio de 2011 0
Jorge Luis Borges

La Rosa de Paracelso



Paracelso


En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano. Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo. Atardecía, El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares, Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo, Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria. La noche había borrado los polvorientos alambiques y el atanor cuando golpearon la puerta, El hombre, soñoliento, se levantó, ascendió la breve escalera de caracol y abrió una de las hojas. Entró un desconocido. También estaba muy cansado. Paracelso le indicó un banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no cambiaron una palabra.




El maestro fue el primero que habló.

-Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente -dijo no sin cierta pompa-, No recuerdo la tuya, ¿Quién eres y qué deseas de mí?

-Mi nombre es lo de menos -replicó el otro-, Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quiero ser tu discípulo. Te traigo todos mis haberes.

Sacó un talego y lo volcó sobre la mesa. Las monedas eran muchas y de oro. Lo hizo con la mano derecha.

Paracelso le había dado la espalda para encender la lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que en la mano izquierda sostenía una rosa. La rosa lo inquietó.


Se recostó, juntó la punta de los dedos y dijo:

-Me crees capaz de elaborar la piedra que trueca todos los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que busco, y si el oro te importa, no serás nunca mi discípulo.

-El oro no me importa -respondió el otro-, Estas monedas no son más que una parte de mi voluntad de trabajo. Quiero que me enseñes el Arte. Quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la Piedra.

Paracelso dijo con lentitud:

-El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.

El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:

-Pero, ¿hay una meta?

Paracelso se rió.

-Mis detractores, que no son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que "hay" un Camino.

Hubo un silencio, y dijo el otro:

-Estoy listo a recorrerlo contigo, aunque debamos caminar muchos años. Déjame cruzar el desierto. Déjame divisar siquiera de lejos la tierra prometida, aunque los astros no me dejen pisarla. Quiero una prueba antes de emprender el camino.

-¿Cuándo? -dijo con inquietud Paracelso.

-Ahora mismo -dijo con brusca decisión el discípulo.

Habían empezado hablando en latín; ahora, en alemán. El muchacho elevó en el aire la rosa.

-Es fama -dijo- que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por obra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después mi vida entera.

-Eres muy crédulo -dijo el maestro- No he menester de la credulidad; exijo la fe.

El otro insistió.

-Precisamente porque no soy crédulo quiero ver con mis ojos la aniquilación y la resurrección de la rosa.

Paracelso la había tomado, y al hablar jugaba con ella.

-Eres crédulo -dijo-. ¿Dices que soy capaz de destruirla?

-Nadie es incapaz de destruirla -dijo el discípulo.

-Estás equivocado. ¿Crees, por ventura, que algo puede ser devuelto a la nada? ¿Crees que el primer Adán en el Paraíso pudo haber destruido una sola flor o una brizna de hierba?

-No estamos en el Paraíso -dijo tercamente el muchacho-; aquí, bajo la luna, todo es mortal.

Paracelso se había puesto en pie.

-¿En qué otro sitio estamos? ¿Crees que la divinidad puede crear un sitio que no sea el Paraíso? ¿Crees que la Caída es otra cosa que ignorar que estamos en el Paraíso?

-Una rosa puede quemarse -dijo con desafío el discípulo.




-Aún queda fuego en la chimenea -dijo Paracelso-. Si arrojaras esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que sólo su apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para que la vieras de nuevo.

-¿Una palabra? -dijo con extrañeza el discípulo-. El atanor está apagado y están llenos de polvo los alambiques. ¿Qué harías para que resurgiera?

Paracelso le miró con tristeza.

-El atanor está apagado -repitió-- y están llenos de polvo los alambiques. En este tramo de mi larga jornada uso de otros instrumentos.

-No me atrevo a preguntar cuáles son -dijo el otro con astucia o con humildad.

-Hablo del que usó la divinidad para crear los cielos y la tierra y el invisible Paraíso en que estamos, y que el pecado original nos oculta. Hablo de la Palabra que nos enseña la ciencia de la Cábala.

El discípulo dijo con frialdad:

-Te pido la merced de mostrarme la desaparición y aparición de la rosa. No me importa que operes con alquitaras o con el Verbo.

Paracelso reflexionó. Al cabo, dijo:

-Si yo lo hiciera, dirías que se trata de una apariencia impuesta por la magia de tus ojos. El prodigio no te daría la fe que buscas: Deja, pues, la rosa.

El joven lo miró, siempre receloso. El maestro alzó la voz y le dijo:

-Además, ¿quién eres tú para entrar en la casa de un maestro y exigirle un prodigio? ¿Qué has hecho para merecer semejante don?

El otro replicó, tembloroso:

-Ya sé que no he hecho nada. Te pido en nombre de los muchos años que estudiaré a tu sombra que me dejes ver la ceniza y después la rosa. No te pediré nada más. Creeré en el testimonio de mis ojos.

Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y sólo quedó un poco de ceniza. Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro.





Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa llaneza:

-Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea afirman que soy un embaucador. Quizá están en lo cierto. Ahí está la ceniza que fue la rosa y que no lo será.

El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un charlatán o un mero visionario y él, un intruso, había franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que sus famosas artes mágicas eran vanas. Se arrodilló, y le dijo:

-He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que el Señor exigía de los creyentes. Deja que siga viendo la ceniza. Volveré cuando sea más fuerte y seré tu discípulo, y al cabo del Camino veré la rosa.

Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado, tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco. ¿Quién era él, Johannes Grisebach, para descubrir con mano sacrílega que detrás de la máscara no había nadie? Dejarle las monedas de oro sería una limosna. Las retomó al salir. Paracelso lo acompañó hasta el pie de la escalera y le dijo que en esa casa siempre sería bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.

Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió.



miércoles, 22 de junio de 2011

Metamorfosis

miércoles, 22 de junio de 2011 0



Metamorfosis




“El agua de la tierra y la tierra del agua, he aquí el misterio del Señor encarnado en la sangre y en la carne del mundo. Las metamorfosis del mundo enseñan al clarividente y le reconducen al manantial universal de la vida. Finalmente, el fuego domina el agua en la creación oculta y lo transforma todo en tierra santa. La meta final de la humanidad no es su instalación en el mundo, es su transfiguración y su fijación en Dios.


Resurrection (Johfra, 1988)


El Mercurio Campestre (Louis Cattiaux, 1947)

Louis Cattiaux, El mensaje Reencontrado De la crisálida nace el hombre nuevo...

sábado, 11 de junio de 2011

el método del Arbol de la Vida

sábado, 11 de junio de 2011 0



EL MÉTODO DEL ÁRBOL DE LA VIDA





"Para guiarnos en nuestro trabajo espiritual e indicarnos el
camino a seguir, necesitamos un método. Para mí, el mejor
método que existe es el estudio del Árbol sefirótico.





Muchos santos y místicos han caminado por la senda de la
luz sin conocer el Árbol sefirótico, es cierto, pero conocerlo
proporciona una visión más clara del trabajo a realizar. Por
esto insisto en que aprendáis a profundizar en todos los
aspectos.



Con Malkut, concretáis las cosas.
Con Iesod, las purificáis.
Con Hod, las comprendéis y las expresáis.
Con Netzach, les infundís la gracia.
Con Tiphereth, las ilumináis.
Con Geburah, lucháis para defenderlas.
Con Hesed, las sometéis al orden divino.
Con Binah, les dais estabilidad.
Con Hochmah, hacéis que entren en la armonía universal.
Finalmente, con Kether, las marcáis con el sello de la eternidad."



Omraam Mikhaël Aïvanhov

Las Leyes Superiores


LAS LEYES SUPERIORES





"¡Cuánta gente imagina que obtendrán éxito fiándose
únicamente de los cálculos de su intelecto! Pues bien,
no, el intelecto es limitado. No es él quien posee la
verdadera comprensión de las cosas, y aquellos que
confían en él para resolver todos sus problemas se
exponen a cometer graves errores.

Sus comportamientos, inspirados sólo por el interés,
el egoísmo y la voluntad de imponerse a los demás, no
tienen en cuenta los designios de la Inteligencia cósmica.
Entonces, sin saberlo, remueven las capas oscuras de la
atmósfera psíquica provocando fuerzas temibles, y estas
fuerzas se desencadenan más tarde contra ellos.



La Inteligencia cósmica ha construido el ser humano de tal
modo que sólo puede desarrollarse si respeta las leyes del
mundo superior de dónde recibe la luz y la fuerza. Y estas
leyes del mundo superior, no podrá conocerlas a través del
intelecto, sino a través del alma y del espíritu."



Omraam Mikhaël Aïvanhov

La Tradición de la Cristiandad Hermética


LA TRADICIÓN DE LA CRISTIANDAD HERMÉTICA


Traducido por Artemidoros de:
The Hermetic Journal-Issue Number 27-Spring 1985, pp. 7-12





Es verdad,
es cierto
es toda la verdad!



Lo que está abajo es como lo que está arriba,
y lo que está arriba es como lo que está abajo,
para cumplir los milagros de Una sola cosa.


Y de la misma manera que todas las cosas
vinieron del UNO, por un intermediario
así todas las cosas nacieron de esta Unión.


El Sol es el padre,
la Luna es la madre,
el Viento la llevó en su vientre,
la Tierra es su nodriza.


Hermes Trismegisto (de LA TABLA ESMERALDA)




Hacia el año 1460, CÓSIMO DE MEDICIS, soberano sin corona de Italia, encarga al monje Lionardo para buscar algunos manuscritos en Macedonia. Lionardo fue uno de los numerosos intermediarios que recogían manuscritos de los autores clásicos griegos y romanos para los Medicis. Los manuscritos iban a encontrar su destino en la Laurenziana, fundada en 1444, y en ese momento la mayor biblioteca hermético-cristiano de Europa.


Lionardo regresó de su viaje con algo muy especial; trajo a Cosme un manuscrito con catorce tratados, el CORPUS HERMETICUM. Se le atribuye a HERMES TRISMEGISTO, el nombre griego del dios egipcio Thoth, a quien los romanos llamaban Mercurio, el mensajero de Dios. El Corpus Hermeticum pronto se hizo conocido como el Codex Laurentianus. Numerosos tratados han sido atribuidos a Hermes Trismegisto, como la TABULA SMARAGDINA (la Tabla de Esmeralda), ASCLEPIO y POIMANDRES. Aunque se supone que Apuleus de Madaura había traducido el Asclepio al latín ya en el siglo segundo dC, no se conocieron otras traducciones del Corpus Hermeticum hasta el Renacimiento.


Con vista al intento de unificación de la Iglesia Católica Romana y la Iglesia griega-ortodoxa en el Concilio de Florencia (1438), varios eruditos bizantinos estuvieron residiendo en Florencia, entre ellos GEMISTOS PLÉTHO. Fueron ellos principalmente quienes dieron a los italianos el impulso para traducir en particular los estudios griegos. Y así fueron recopilados los manuscritos de Platón a la espera de ser traducidos por MARSILIO FICINO, que trabajó para Cosme de Medicis como escritor, traductor y que, como maestro y pedagogo, ejerció gran influencia sobre el nieto de Cósimo de Medicis, LORENZO DE MEDICIS. Pero, como era conocido de las fuentes de los primeros Padres de la Iglesia -como Tertuliano, Clemente de Alejandría, Cipriano, Eusebio, Agustín y Lactancio- que el trabajo de Hermes era más antiguo que los escritos de Platón, Cósimo encargó a Ficino en 1463 la tarea de traducir el Corpus Hermeticum del griego al latín en primer lugar.


El elogio que algunos primeros Padres de la Iglesia -que estaban conectados aún con la gnosis pre-cristiana– otorgaban a Hermes, emergió posteriormente en la introducción de Ficino al Corpus Hermeticum.


Tertuliano lo llamó el “magister omnium physicorum”, maestro de toda la filosofía natural. Clemente vio en él la fuente del sacerdocio egipcio y Lactancio escribió sobre él: “Este Hermes ha, no sé cómo, encontrado nada más que la verdad en toda su plena extensión”. Lactancio vio a Hermes como el precursor del cristianismo, el heraldo del Logos, el Verbo, el Cristo.


Agustín, sin embargo, anteriormente miembro de los maniqueos, no podía apreciar a Hermes, como se desprende de su obra De Civitate Dei (Ciudad de Dios), en el que criticaba la sabiduría de Hermes como pagana.


En cuanto a Siria y todo el mundo árabe, como vemos por ejemplo en los Hermanos Fieles de Basora en el año 1000, podemos seguir una tremenda influencia de Hermes. La leyenda cuenta que, por ejemplo, el texto árabe de la Tabula smaragdina ha sido encontrado en un “cuarto subterráneo por el Maestro Balinus el Sabio”, el nombre árabe de APOLONIO DE TIANA.


Será a través de Grecia de que la teoría egipcia de la sabiduría de Hermes Trismegisto, de Oriente - la tierra del sol naciente - pasará a Occidente - la tierra del sol poniente - y en particular por Pitágoras, Platón y los Neo-platónicos.


Desarrollo de la influencia del Corpus Hermeticum




En el Occidente vemos el desarrollo de una síntesis entre la teoría de la sabiduría que emana de Egipto y el conocimiento iniciático de los misterios cristianos, que a su vez tienen sus raíces en los misterios pre-cristianos en general, todos procedentes de una y la misma fuente. Ciertamente, no carece de significancia que en la Biblia podamos leer, con respecto a Jesús, el texto: “De Egipto llamé a mi hijo”. Es en este país que también Abraham, Moisés y Aarón adquirieron sus iniciaciones.


Por ejemplo, en el maniqueísmo y el priscilianismo, en la labor de la Alianza Triple de la Luz (Grial, los Cátaros y la Rosa Cruz), en la alquimia, el misticismo y rosacrucismo podemos en mayor o menor grado seguir la influencia del hermetismo en el cristianismo esotérico, teniendo en cuenta que, además de esto, el efecto del cristianismo interno podría encontrar su camino de manera específica a menudo en varios grupos, e individuos.


Gracias a la labor de Ficino y a las iniciativas de Cosme y Lorenzo de Médicis, el Corpus Hermeticum pudo encontrar un terreno firme en Europa. A través de una élite de personas altamente dotadas, a la cual pertenecían además de Ficino y los Medicis también ALBERTI, POLIZIANO, LANDINO Y PICO DELLA MIRANDOLA, un verdadero renacimiento desarrollado en Italia con respecto a la religión, el aprendizaje y el arte. Artistas como Botticelli, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Rafael, Tiziano, Albrecht Durero y muchos otros encontraron su inspiración en Ficino. Fue un renacimiento para el cual el punto central era lo universal -para entonces el homo universalis (el hombre universal). Centros focales fueron la Academia Platónica, de la cual Ficino tenía el control, y la biblioteca Laurenziana.


“Y Cristo, en solitario, con su ejemplo ha inspirado más a la gente a llevar una vida sincera y sagrada que lo que todos los oradores y filósofos han podido lograr con palabras”, escribió Ficino en una carta a Lorenzo de Médicis.


Fue en y desde Cristo, en conexión con la sabiduría de Hermes Trismegisto, que Ficino encontró la inspiración para su gigantesca obra.


Cuánto apreciaba Ficino a Hermes Trismegisto puede notarse a partir de su introducción al libro de Hermes Trismegisto, el cual dedicó a Cosme de Médicis, Pater patriae, Padre de la Patria.


“Lo llamaban Trismegisto, lo que significa tres veces más grande que todos, que lo era, y el filósofo más grande y el mayor sacerdote y el rey más grande. Pues los egipcios tenían, como escribe Platón, la costumbre de seleccionar a sus sacerdotes de la casta de los filósofos, y sus reyes de la de los sacerdotes. Entonces, cuando Mercurio se destacó muy por encima de todos los filósofos en el conocimiento y la doctrina, fue nombrado sacerdote. Y cuando superó a los sacerdotes en la santidad de la vida y en la religiosidad, obtuvo la dignidad real. Y por su legislación y regla opacó el brillo de los reyes anteriores a tal punto que fue llamado con razón el mayor tres veces.


“Entre los filósofos él fue el primero en enseñar con profundo conocimiento sobre la majestad de Dios, sobre el orden de los seres sobrenaturales y de los cambios de las almas. Por consiguiente, ha sido llamado el primer escritor teológico. Después de él vino Orfeo, a quien se asigna el segundo lugar en la Antigüedad.


“Aglaofemo se inició en la doctrina sagrada de Orfeo y en la teología fue sucedido por Pitágoras. Su seguidor fue Filolao, maestro del divino Platón. En consecuencia se trata de una escuela armoniosa y coherente de la teología antigua, formada por una curiosa cadena de seis teólogos a partir de Mercurio que llega a su finalización en el divino Platón. Mercurio escribió una larga serie de libros sobre el conocimiento de lo divino.


“¡Por el Dios inmortal! ¿Qué misterios ocultos, que sorprendentes oráculos son revelados en estas obras! Además de como filósofo, repetidamente habla como profeta y predice lo que está por venir. El previó el final de la antigua religión y el surgimiento de una nueva fe, la venida de Cristo, el juicio final, la resurrección del mundo y la glorificación de los bienaventurados y el castigo de los pecadores…”


Por la traducción de Ficino, el Corpus Hermeticum fue rescatado del olvido de una vez por todas. Antes de 1641 se habían publicado no menos de 22 ediciones del mismo. Su influencia fue enorme. Al día de hoy, sin embargo, se discute acerca de la antigüedad real del Corpus Hermeticum. Algunas personas incluso disputan que Hermes sea realmente el autor de este trabajo y si Hermes realmente era de origen egipcio, como fue el dictamen del crítico CASAUBONUS en el siglo 17. Mucho más esencial que la fecha históricamente correcta, y que si alguna vez hubo una persona llamada Hermes Trismegisto, es el significado espiritual del Corpus Hermeticum, como lo afirman todos los esoteristas.


De las diversas instrucciones esotéricas se puede aprender, para el caso, que el nombre de Hermes Trismegisto no se refiere tanto a una sola persona como a una familia real y sacerdotal de iniciadores egipcios que legaron en su doctrina la sabiduría de los templos egipcios a aquellos que habían sido ennoblecidos con ese propósito.


Hermes Trismegisto es el término colectivo para la familia real y sacerdotal que llevó la sabiduría a los templos egipcios. Ellos fueron los portadores claves de los secretos de las pirámides, ennoblecidos en la sabiduría real, la verdadera religión y el arte original. Una de las más famosas ciudades-templo de su época era Hermópolis.


Aquel que ha comprendido la imagen espléndida de las losas de mármol del pavimento de la catedral de Siena, es consciente que el Oriente ha pasado la sabiduría hermética al Occidente en la forma del Corpus Hermeticum y que esta teoría de la sabiduría en relación con los misterios cristianos será determinante para lo que en esoterismo se llama el desarrollo de Manasman en la Era de Acuario. El Manasman es el hombre que entra en la conciencia de la mente-alma, el hombre que ha establecido un vínculo con Poimander, el poder de la mente.



Hermes Trismegisto, catedral de Siena



A los pies de la imagen nos encontramos con el texto: “Hermes Mercurio, Trismegisto, contemporáneo de Moisés”. En su mano izquierda sostiene una especie de tableta con el apoyo de dos esfinges, en la que un texto casi intacto en latín dice: “Dios, el creador de todas las cosas, creó un segundo Dios perceptible... y estaba complacido y lo amaba como a Sí mismo... Él, que es llamado la Santa Palabra “.


El hombre vestido con ropa oriental y con un turbante aquí simboliza el Oriente, Egipto. Él es el primero en recibir el Corpus Hermeticum de las manos de Hermes, como podemos ver en la imagen.


“Recibid la escritura y la ley, Oh egipcios”, podemos leer, entonces, en el libro que Hermes le entrega. Y detrás del hombre vestido con ropa oriental se encuentra un hombre occidental, vestido con hábito de monje, sin barba, mirando en la dirección de Hermes Trismegisto. Él simboliza el Occidente, que después de Oriente recibe el Corpus Hermeticum como fundamento de la tradición del cristianismo hermético.

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