miércoles, 29 de julio de 2015

EL SIMBOLISMO DEL CIELO EN LA CULTURA GUARANÍ

miércoles, 29 de julio de 2015 0

 
Para los guaraní los principales cuerpos celestes que se observan a simple vista nacieron de una forma muy particular, así por ejemplo Kuarahy (el Sol) es producto de la unión entre Ñamandu (dios, nuestro padre) y Ñande Sy (nuestra madre), quien muere durante el parto de Kuarahy.
 
Bajo el influjo energético de Kuarahy sobre los huesos de su madre, nace Jasy (la Luna), por eso es que a medida que se acerca la fecha de la muerte de Ñande Sy, Jasy va perdiendo fuerza (Luna en menguante) hasta desaparecer y volver a aparecer en el resplandor solar (Luna nueva) rememorando así su nacimiento.
 
Daban a la Vía Láctea un significado místico, y la llamaban Tapecue (camino eterno) pues por ella habrían llegado los primeros habitantes de la tierra y por ella volverían a los confines del Universo. Era el camino al Yvaga o paraíso, al cual se accedía por pequeñas nebulosas en los extremos.
 
La llamaban también Mborevi Rape (camino del tapir), pues su brillo y su curso sinuoso les recordaba al camino que siguen los tapires, orientándose por la noche mediante el brillo de la luna reflejado en la hojarasca, para llevar hasta la fuente de agua.
 
Creyendo el Guaraní en la inmortalidad del alma, ésta se desprendía del cuerpo del hombre al morir, y adquiría un carácter especial, yendo a refugiarse en una región denominada Añaretá (morada del demonio del Aña), una región lleno de silencios.
 
El cielo, está constituido por una "materia quebradiza" que se raja en las tormentas y produce el rayo (Ara Tiri) despidiendo la gran luminosidad del relámpago (Ara Verá). El viento (Ibytu), es el aliento, la "respiración" de la tierra.
Al mirar el cielo estrellado, los indios percibieron que hay estrellas de brillo y color diferentes. En pinturas rupestres, las estrellas más brillantes son representadas en tamaño mayor que las otras. 
     
Los guaraníes, en vez de las constelaciones situadas en la eclíptica (las doce del zodíaco, más actualmente Ofiuco entre Escorpio y Sagitario), daban mayor importancia a las constelaciones localizadas en la Vía Láctea, la concentración de estrellas que queda en el cinturón de nuestra galaxia. Esas constelaciones estaban constituidas por estrellas individuales y nebulosas (principalmente las oscuras).
 
La Vía Láctea, conocida por los nativos como el camino de anta, polvo de estrellas, río celeste, etc., cambia de posición durante una misma noche, observada en horarios diferentes, debido al movimiento de rotación de la Tierra. También cambia de posición cada día, cuando la observamos en el mismo horario (a la puesta de sol, por ejemplo), debido al movimiento de translación de la Tierra.
 
Cerca de los equinoccios de otoño (marzo) y de primavera (septiembre), al anochecer, la Vía Láctea pasa sobre la cabeza del observador (cenit), siendo que en marzo va del sudeste para el noroeste y en septiembre del nordeste para el suroeste. Así, la Vía Láctea también era utilizada como calendario anual y de orientación.
 
Tres instantes relacionados con la posición ocupada por una estrella o constelación eran muy importantes para los guaraníes:
  • el nacer heliaco
  • el nacer cósmico
  • ocaso heliaco.
El Nacer Heliaco de una estrella o de una constelación ocurre en el primer día en que ella se torna visible, en el lado este, antes de la salida del Sol, después de un cierto tiempo sin que pueda ser vista. En los días anteriores, la estrella o la constelación, no es visible por estar muy próxima de la dirección del Sol. Para la observación de ese fenómeno, el horizonte debe estar bien visible, el cielo sin nubes y el observador alejado de la iluminación artificial.
 
El Nacer cósmico o Anti-Helíaco de una estrella o de una constelación ocurre en el primer día que en que ella es visible, en el lado este, luego de la puesta de sol. A partir de ese día, ella queda visible en el cielo, desde el anochecer, teniendo su ocaso cada día más próximo del anochecer.
 
El Ocaso Heliaco de una estrella o de una constelación ocurre en el último día que en que ella es visible, en el lado oeste, después de la puesta del Sol. Ese es el último día en que podemos observar su ocaso después de oscurecer. A partir de ese día, ella queda algunas semanas sin ser vista, pues se encuentra muy próxima de la dirección en que se encuentra el Sol.
 
 

martes, 28 de julio de 2015

EL SIGNO TAV (TAU)

martes, 28 de julio de 2015 0

La señal de la cruz trazada en la frente es uno de los ritos más antiguos de la Iglesia cristiana. San Basilio lo menciona, junto a la oración mirando a Oriente, entre las tradiciones no escritas que se remontan a los Apóstoles. Vamos a probar enseguida que esto es muy verosímil y que la señal de la cruz está ligada a la comunidad judeocristiana primitiva. Se han podido encontrar después algunas analogías en el mundo grecorromano. Pero se trata de determinaciones secundarias. Haremos, en primer lugar, un balance de los usos litúrgicos antiguos de la cruz; buscaremos después sus orígenes; y, para terminar, estudiaremos sus significados.
 
La señal de la cruz aparece primero en los ritos bautismales.
 
Este es su uso más arcaico y al que se refiere San Basilio. Originariamente, está asociado al propio bautismo, unas veces precediéndolo y otras siguiendo al mismo. Lo encontramos en fecha muy antigua en la iglesia siria, que conserva costumbres muy arcaicas. Así se explica que, a menudo, algunos autores antiguos lo utilicen para designar al propio bautismo. La inscripción de Abercios, a fines del siglo segundo, habla del pueblo «que lleva el espléndido sello». La palabra sello, sphragis, designa la señal de la cruz en la frente.

Más tarde, cuando los ritos bautismales se fueron desarrollando, la sphragis fue el primer rito impuesto a los catecúmenos y la expresión de una primera consagración a Cristo. Así Quodvultdeus, obispo africano del siglo IV, escribe: «Aún no habéis vuelto a nacer por el bautismo, pero, por la señal de la cruz, habéis sido concebidos en el seno de la Iglesia» (Sur le Symbole, 1,1). San Agustín cuenta en las Confesiones que, después de su nacimiento, su madre trazó la señal de la cruz en su frente y le dio un poco de sal. ¡No fue bautizado hasta cuarenta años más tarde!
 
Pero el uso de la señal de la cruz no estaba reservado al bautismo. Tenía su papel en otros sacramentos, sobre todo en la confirmación, la extremaunción y la eucaristía. Además, los cristianos se persignaban en la frente antes de emprender i«« principales ocupaciones de su vida. San Juan Crisòstomo escribe: «Todo se cumple por medio de la cruz. El bautismo se nos da por la cruz (ya que hay que recibir la sphragis); la imposición de manos se hace por medio de la cruz. Y, ya estemos de viaje, en casa, en cualquier parte, la cruz es un gran bien, una armadura saludable, un escudo inexpugnable contra el demonio» (Hom Philip., III, 13).
 
Encontramos aquí la importante idea de que la cruz defiende al bautizado contra los demonios. Le hace inviolable y pone en fuga a los demonios. Ilustran este hecho muchas anécdotas contadas por los Padres. La señal de la cruz, sobre todo, reduce a la impotencia a los demonios que actúan en los cultos paganos.
 
Prudencio describe lo que ocurrió un día en que Juliano el Apóstata estaba ofreciendo un sacrificio a Hécate. El sacerdote, que examinaba las entrañas de una víctima palidece de repente y cae al suelo: «El príncipe, espantado, como si viera a Cristo en persona amenazándole enarbolando un rayo, deposita su diadema, palidece y mira a su alrededor para ver si entre los asistentes hay algún niño bautizado que haya marcado su frente con la señal de la cruz y de ese modo haya perturbado los encantamientos de Zoroastro» (/Apoteosis, 489-493). Lactancio, por su parte, explica que la presencia de un cristiano señalado con la sphragis impedía los oráculos y arúspices (Div. Inst., V, 27). Gregorio el Taumaturgo, al entrar en un templo pagano «purifica el aire infestado de miasmas, con el signo de la cruz».
 
La cruz tiene así valor de exorcismo. Trazada en la frente de un catecúmeno, aparta de él al demonio, bajo cuyo poder se encontraba. Igualmente, después de la muerte, cuando el alma cristiana abandona el cuerpo y atraviesa la atmósfera, hábitat de los demonios, la sphragis marcada en su frente los aparta, mientras que el alma que no está marcada por el sello se convierte en su presa: «Como la oveja sin pastor está a merced de las fieras y es una presa fácil, del mismo modo el alma que no tiene la sphragis está a merced de las emboscadas del demonio». «Un tesoro que no esté marcado con el sello esta a merced de los ladrones, una oveja sin marca está a merced de las emboscadas».

Los cristianos no sólo trazan la cruz sobre su frente con el pulgar, sino que tenemos testimonios que atestiguan la practica de verdaderos tatuajes. Es conocido el uso de estos tatuajes en los cultos paganos de Dionisos o Mitra. Pero parece que también se encuentra entre los cristianos, con el signo de la cruz. Se supone que esto sucedía en Africa, por lo que dice San Agustín de que cuando los paganos salen del anfiteatro, reconocen a los cristianos por sus vestidos, su peinado, su frente. Marcos el Diácono, del siglo V, en su Vida de Porfirio de Gaza (82), habla más explícitamente de tres niños que cayeron a un pozo y fueron salvados milagrosamente porque llevaban en la frente una cruz pintada de rojo.
 
 

lunes, 27 de julio de 2015

LAS DOS COLUMNAS DEL TEMPLO MASÓNICO

lunes, 27 de julio de 2015 0



El pórtico del Templo sustentado por dos columnas es la zona de pasaje que separa la Logia de los Pasos Perdidos, o mundo profano.
 
Al aspirante, que nace con la iniciación a un tiempo y un espacio sagrados, que sale de las tinieblas para recibir la Luz, le es enseñado a colocarse entre estas dos columnas de la entrada, en el lugar central o medio donde se produce el equilibrio o armonización de toda dualidad a través del eje vertical invisible. En ese punto, entre columnas, y estando al orden, el masón se mantiene en una actitud receptiva y es así como recibe la instrucción del grado y le son comunicados los signos, palabras y toques que la Masonería atesora para él; pero también es ahí, entre columnas, donde toma decisiones definitivas para su proceso iniciático, cuyo compromiso ratificará en el Altar de los juramentos.
 
Leemos en el capítulo segundo de la obra Hermetismo y Masonería, que en el antiguo manuscrito masónico Cooke de la Biblioteca Británica, escrito alrededor del año 1400, se dice que toda la sabiduría anterior al diluvio de Noé fue recogida en dos grandes columnas. Más tarde, una de ellas fue descubierta por Pitágoras y la otra por Hermes el Filósofo, los cuales transmitieron las enseñanzas que ellas contenían a los hombres. Y citando textualmente:
 
“Es obvio que esas columnas, u obeliscos, asimilados a los pilares J. y B. son las que sostienen el templo masónico -y a la vez permiten el acceso al mismo- y configuran los dos grandes afluentes sapienciales que nutrirán la Orden: el hermetismo que asegurará la protección del dios a través de la Filosofía, es decir del Conocimiento, y el pitagorismo que dará los elementos aritméticos y Geométricos necesarios que reclama el simbolismo constructivo.”
 
Añadiendo, más adelante, que ambas columnas se perciben además, como las piernas de la Madre Logia que para al Neófito:
 
“Por la sabiduría de Hermes, el gran iniciador, y por Pitágoras el instructor gnóstico.”
 
En otro orden, estas dos columnas del Templo Masónico simbolizan también la dualidad presente en la creación, la multiplicidad en que se manifiesta la Unidad al reflejarse a sí misma.
 
La misma dualidad que representan los principios activo y pasivo en el Azufre y el Mercurio; el yang y el yin, las fuerzas expansiva y contractiva o centrífuga y centrípeta que rigen todo movimiento binario. Así como igualmente lo hacen el día y la noche, el Sol y la Luna y también, en un aspecto, simbolizan la Luz y las Tinieblas. Lo masculino y lo femenino que diferencian todo lo creado y definen sus características y en definitiva todos y cada uno de los pares de opuestos que uno pudiera nombrar.
 
Pero es claro que para que dos cosas, conceptos o ideas se opongan necesariamente tiene que haber algo común a ambas y que es aquello que las une y las hace complementarias.
 

EL MAÍZ, SIGNIFICADO Y SIMBOLISMO PARA LOS INDIOS HOPI

 
Es inconcebible que cualquier ceremonial hopi se lleve a cabo sin la harina de maíz: tan variados son sus usos e importante su significado. Con la harina de maíz se traza el Camino de la Vida en la kiva. Se dibujan senderos de harina de maíz para el acercamiento de los kachinas. Por el contrario, los caminos y los senderos se cierran para el paso de todo ser vivo mediante líneas de harina de maíz, en la noche del terror y el misterio durante Wúwuchim. Se da la bienvenida a los bailarines kachinas con pizcas de harina de maíz. Cestos y placas con harina de maíz constituyen ofrendas comunes durante todos los rituales. El Sol naciente es saludado con harina de maíz. Mazorcas de maíz de colores designan las seis direcciones y son apiladas en la base del, altar del cacique. Se sujetan siete Madres Maíz a la vara del kachina de Aholi. Una Madre Maíz es atada a la mongko sagrada, la "ley de leyes". Los granos, tallos, hojas, harina y polen de maíz tienen usos rituales.
 
La vida indígena en toda América es inconcebible sin el maíz. Planta originaria del hemisferio occidental, el maíz ha constituido el pan de la vida para la América indígena desde los principios del tiempo. Se trata de elementos tan sinónimos que es difícil precisar cuál fue creado primero: la tierra, el ser humano o el maíz. Ciertamente, el maíz es tan antiguo que la ciencia moderna no ha podido hallar indicios directos en cuanto a la planta silvestre de la que fue derivado y ni de cuándo tuvo comienzo su cultivo. El maíz constituye el logro supremo de todos los tiempos en la domesticación de plantas, pero su origen sigue siendo un misterio botánico.
 
Los hopis afirman que el maíz fue creado por medios divinos para el hombre en el Primer Mundo. Cuando este mundo fue destruido y el ser humano salió al Segundo Mundo, volvió a recibir el maíz como alimento básico. Cuando este mundo se destruyó a su vez y el ser humano salió al Tercer Mundo, otra vez se le entregó el maíz como alimento. Para entonces el género humano se había multiplicado y derivado en muchas razas.
 
La Tierra comenzaba a ser contaminada por la maldad, al igual que antes.
 
Al darse cuenta de que también sería necesario destruir este mundo, a fin de que la humanidad pudiera Salir al actual Cuarto Mundo, el Creador decidió averiguar en qué medida la codicia y la ignorancia habían afectado a las distintas razas. Por lo tanto, colocó delante de ellas mazorcas de maíz de todos los tamaños.
 
-Ha llegado la hora de que realicen una Salida a un mundo nuevo -les indicó-. Ahí se esparcirán, se multiplicarán y poblarán la Tierra.
 
Según lo que les dicte su sabiduría, escojan ahora el maíz que llevarán consigo como alimento.
 
 
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