viernes, 14 de agosto de 2015

LA ESCALERA QUE COMUNICA CON EL CIELO EN LA MASONERIA

viernes, 14 de agosto de 2015 0
 
La escalera que comunica con el cielo y que se encuentra en gabinete de reflexión, está en relación simbólica con la llamada «escalera de Jacob», por la cual, en un sueño que tuvo, los Ángeles subían y bajaban del cielo. La escalera tiene siete peldaños, que simbolizan los siete grados de conciencia y que, superados, conducen al ser humano hasta la esfera divina.

La escalera recuerda al candidato masónico su obligación ineludible de ascender por ella. Todos los demás símbolos carecerían de importancia si dejaran de estar enfocados a lograr esa extensión de la conciencia. Nuestra obra humana debe estar proyectada hacia esa finalidad.
 

jueves, 13 de agosto de 2015

EL SIMBOLISMO DEL SOL

jueves, 13 de agosto de 2015 1


Teogónicamente expresa el momento de máxima actividad heroica en la transmisión y sucesión de poderes que se verifica a través de las generaciones de deidades. Así, tras Urano, Saturno y Júpiter, aparece Helio Apolo.
 
En alguna ocasión, surge el Sol como sucesor directo e hijo del dios del cielo. Señala Krappe que hereda uno de los atributos más importantes y morales de ese dios que lo ve todo y, en consecuencia, lo sabe todo.
 
En la India, Sürya es el ojo de Varuna; en Persia, el de Ahura Mazda; en Grecia, Helio es el ojo de Zeus (como Urano). En Egipto es el ojo de Ra’. En el islam es el ojo de Allah. Con su carácter «juvenil» y filial dominante, el Sol queda asimilado al héroe, por oposición al padre, que es el cielo, aunque a veces se identifique con él. Por ello, el arma del cielo es la red (estelar), el poder de ligar; y el arma del héroe es la espada (asimilada al fuego). También por esta causa los héroes son exaltados al rango solar e incluso identificados con el Sol. En un período determinado de la historia, y en un nivel cultural dado, el culto solar es el dominante si no el exclusivo.
 
Mircea Eliade, sin embargo, señala que Frazer ha hecho notar la inconsistencia de los elementos solares en la sacralidad de Africa, Australia, Oceanía en general, América del Norte y del Sur.
 
El culto solar sólo alcanzó desarrollo, en el Nuevo Continente, en México y Perú, que precisamente fueron los dos centros más avanzados.
 
Deduce de ello el autor citado, que siendo éstos los únicos países de la América precolombina que lograron una auténtica organización política, pudiera establecerse una concordancia entre la supremacía de los cultos solares y las formas «históricas» de existir humano. No podemos olvidar que Roma, el máximo poder político de la Antigüedad y la creadora del sentido de la historia, entronizó la hierofanía solar, que en el Imperio dominó netamente a veces en íntima relación con Mitra. Una fuerza heroica y generosa, creadora y dirigente, este es el núcleo del simbolismo solar, que puede llegar a constituir una religión completa por sí misma, como lo prueba la «herejía» de Akhenatón, en la XVIII dinastía egipcia, y cuyos himnos al Sol son, aparte de su valor lírico profundo, teorías de la actividad benefactora del astro rey. El Sol en el horizonte era ya definido por los egipcios del Imperio Antiguo como «brillo, esplendor». También relacionaron, con hondísimo sentido de la analogía, la ocultación diaria del Sol con el solsticio de invierno.
 
 

domingo, 9 de agosto de 2015

EL GALLO QUE ANUNCIA LA LUZ

domingo, 9 de agosto de 2015 1
 
Símbolo solar, el gallo es el ave de la mañana, emblema de la vigilancia y de la actividad.
 
Los constructores de catedrales solían terminar su obra colocando un gallo en lo más alto del campanario. En el lenguaje esotérico el gallo corresponde al mercurio o inteligencia iluminada.
 
El gallo canta cuando los cielos se encuentran aún oscuros, pero es inminente la llegada de la luz. Es el anunciador de una luz que viene y que inundará la tierra en la que nos encontramos.
 
Al colocar este símbolo en lo alto de las catedrales, los constructores querían indicar que el fiel que recorre el camino del templo exotérico (el de la fe) hasta su más alta elevación se encuentra en el umbral de una nueva luz, en el camino del conocimiento, representado por los templos esotéricos, como el de la masonería.
 
Ese mismo gallo, al aparecer en el sótano del templo masónico, indica que el camino del fiel continúa en aquel lugar, que allí encontrará la senda que le conducirá a la luz.
 

sábado, 8 de agosto de 2015

SIGNIFICADO MASÓNICO DEL AZUFRE Y LA SAL

sábado, 8 de agosto de 2015 0
 
Estos dos elementos, muy empleados en las transmutaciones alquímicas, son los representantes de dos fuerzas planetarias: Marte y la Luna.

Marte es el dios de la guerra y el azufre es su quintaesencia. El azufre, el más inflamable de los elementos químicos, indica al candidato que deberá encontrarse en todos los combates y en los debates de su tiempo. Que se guarde de caer en la tibieza y en la indiferencia y que todas las mañanas al levantarse compruebe si su carga de azufre para la jornada es suficiente.
 
Si un día, leyendo el periódico, cae en la evidencia de que poco le importan los conflictos del Líbano, que le tiene sin cuidado el problema palestino y que es indiferente a las guerras iniciadas en nombre de la paz es que ha dejado de ser útil para la obra.

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miércoles, 5 de agosto de 2015

LA CRUZ, SIGNIFICADO Y SIMBOLOGÍA

miércoles, 5 de agosto de 2015 0

En el complejo simbolismo de la cruz, que no niega ni sustituye, sino ratifica su sentido histórico en la realidad del cristianismo, entran dos factores esenciales: el de la cruz propiamente dicha y el de la crucifixión o «estar sobre la cruz». En primer lugar, la cruz se ofrece como una derivación dramática, como una inversión del árbol de la vida paradisíaco. Por ello, en la iconografía medieval, la cruz es representada muchas veces como árbol con nudos y hasta con ramas, a veces en forma de Y, y otras en forma espinosa.
 
Cual acontece con el árbol de la vida, la cruz es un «eje del mundo». Situada en el centro místico del cosmos, es el puente o la escalera por los que las almas suben hacia Dios. En algunas variantes, la cruz tiene siete escalones, como los árboles cósmicos que figuran los siete cielos.

Consecuentemente, la cruz establece la relación primaria entre los dos mundos (terrestre y celeste), pero también, a causa del neto travesaño que corta la línea vertical que corresponde a los citados significados (eje del mundo, símbolo del nivel), es una conjunción de contrarios, en la que casan el principio espiritual y vertical con el orden de la manifestación y de la tierra; de ahí su transformación en sentido agónico de lucha y de instrumento de martirio. A veces la cruz aparece en forma de T, para resaltar más la oposición casi igualada de dos principios contrarios. Jung dice que, en algunas tradiciones en que aparece la cruz como símbolo del fuego y del sufrimiento existencial, puede deberse a que sus dos maderos se relacionan, en su origen, con los empleados para producir la llama, a los que se considera por los primitivos como masculino y femenino. Pero el sentido de conjunción prevalece. En el Timeo de Platón, el demiurgo vuelve a unir las partes del alma del mundo, mediante dos suturas que tienen la forma de una cruz de san Andrés. Bayley insiste en el sentido ígneo de la cruz y, en su sistema etimológico, explica que las voces cross, cmx, cruz, crowz, croaz, krois, krouz, resuelven todas en ak ur os: «luz del Gran Fuego».
 
 

martes, 4 de agosto de 2015

LOS 12 APÓSTOLES Y LOS SIGNOS DEL ZODIACO

martes, 4 de agosto de 2015 0
 
En las Homilías sobre los Salmos de Asterio el Sofista, recientemente editadas por Marcel Richard, encontramos un curioso pasaje sobre la traición de Judas.
 
Se trata de un comentario al Salmo II, 2: «El justo ha fallado. Ha acortado el reloj (úqoXóyiov) de los Apóstoles. Del día de doce horas (SuSexáwgoi') de los discípulos ha hecho un día de once horas. Ha privado de un mes al año (évíavTov) del Señor. Y por eso es en el Salmo undécimo donde se cuenta la lamentación de los Once sobre el Duodécimo » (Hom. Salm., XX, 14, p. 157). Y más adelante, a propósito del abandono de Cristo por los Apóstoles: «Con las tres, todas las demás horas de los Apóstoles huyeron del día. Las horas del día se convirtieron en horas de la noche durante la Pasión, cuando el propio día, que es imagen de los Apóstoles, fue cambiado».
 
Nos encontramos en presencia de una alegoría en la que se compara a los doce Apóstoles, ya sea a las doce horas del día, ya sea a los doce meses del año. Esto no es una invención de Asterio, sino que se encuentra también en otros autores del siglo IV. Por ejemplo en San Ambrosio: "Si toda la duración del mundo es como un solo día, sus horas hay que contarlas por siglos".
 
Puesto que el día tiene doce horas, en un sentido místico, Cristo es el verdadero Día. Tiene sus doce Apóstoles, que han resplandecido con la luz celestial, en quienes la gracia tiene sus diferentes fases» (Exp. Luc., VII, 222; S.C., p. 92). Lo curioso de este texto es que el tema de los Apóstoles, simbolizados por las doce horas, se relaciona con el de Cristo, considerado como el día. Este último símbolo es muy arcaico y se remonta al judeocristianismo.
 
Nos preguntamos si sucede lo mismo con el de las doce horas.
 
En San Agustín encontramos el mismo simbolismo: «No han podido entrar en pleno día, cuyas doce horas resplandecientes son los Apóstoles»3. Pero ya antes se encuentra en Zenón de Verana, quien compara a los doce Apóstoles con los doce rayos del sol, es decir con los doce meses (Tract., II, 9, 2). Más explícito aún es otro pasaje: «Cristo es el día verdaderamente eterno y sin fin, que tiene a su servicio a las doce horas en los Apóstoles, a los doce meses en los Profetas» {Tract., II, 45). Franz-Joseph Dolger, quien ha estudiado estos textos de Zenón, recuerda las representaciones grecorromanas del sol con doce rayos, que simbolizan los doce meses.
 
En el siglo III aparecía ya el mismo simbolismo, tanto en territorio griego como en el latino. Metodio de Olimpo escribe que «el conjunto de los Apóstoles, que corresponde a las horas del día, recibe el nombre de día espiritual, que es lo mismo que la Iglesia» (De Sanguisuga, IX, 3; G.C.S., 487). La única diferencia es que el día simboliza a la Iglesia, en vez de a Cristo. Orígenes, por su parte, alude a este simbolismo: «Se puede probar que las neomenias, es decir los nuevos meses, están cumplidos en Cristo, sol de justicia, y en los Apóstoles» (Com. Rom., V, I). Por parte latina, el De Paschae cumputus, atribuido a San Cipriano, desarrolla también esta comparación: las doce horas y los doce meses simbolizan a los doce Apóstoles; las cuatro divisiones del día y las cuatro estaciones del año simbolizan a los cuatro evangelios (19; C.S.E.L., 23-26). La representación de las cuatro estaciones alrededor del sol también era familiar al arte helenístico, como recuerda Dólger (Op. cit., pp. 54 y sig.)
 
Si nos remontamos al pasado, encontramos de nuevo este simbolismo en un autor muy influido por el judeocristianismo.
 
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